EDITORIAL.

No se saben aún con precisión las circunstancias en las que ocurrió el deceso de una niña de dos años en Fiambalá el pasado 23 de diciembre. El caso, lógicamente, conmocionó a esta localidad del Oeste catamarqueño.
Lo que se sabe es que la pequeña, que padecía celiaquía, una enfermedad autoinmune, incurable pero tratable mediante una alimentación adecuada, ingresó a la Guardia del Hospital Luis Agote con un cuadro de diarrea y posible deshidratación. A las pocas horas fue enviada a su casa. A las 22 de ese mismo día la trasladaron nuevamente al centro de salud, donde llegó ya sin vida.

Se desconoce si hubo negligencia en quienes la atendieron o fue una fatalidad imposible de vaticinar o prevenir. Será, en todo caso, materia de investigación si hubiese alguna denuncia o averiguación de oficio por parte de la Justicia o las autoridades de Salud.
La celiaquía es la intolerancia permanente al gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, avena, cebada y centeno y productos derivados de esos cuatro cereales. Aproximadamente el 1 por ciento de la población padece celiaquía en la Argentina. En Catamarca superan 700 los celíacos bajo programa.

En niños pequeños, los síntomas son diarrea, vómitos, falta de masa muscular, pérdida de peso, retraso de crecimiento, cabello y pieles secas, inapetencia, irritabilidad o mal carácter, entre otros.
Lo cierto es que si bien la celiaquía es una enfermedad tratable, en determinados contextos puede resultar muy grave o mortal. Como los síntomas no son concluyentes, pueden confundirse con otra patología. De modo que si los enfermos no tienen la posibilidad de concurrir regularmente a un médico, el diagnóstico puede demorarse causando secuelas importantes y en algunos casos irreversibles. Las propias estadísticas respecto a decesos por esta patología no pueden realizarse con precisión por las propias dificultades para el diagnóstico.

Además, en determinada situación de exclusión o marginalidad, los enfermos, aun diagnosticados, pueden no recibir el tratamiento correcto, que consiste en el acceso a una asistencia alimentaria adecuada para estos casos. Es decir, una dieta estricta y de por vida que no contenga trigo, avena, cebada y centeno.

Como se sabe, la harina de trigo y sus productos derivados, especialmente los distintos tipos de pan, forman parte muy importante de la dieta de la mayoría de los argentinos, de lo que resulta bastante difícil para los celíacos que viven en lugares alejados de los grandes centros urbanos, acceder a productos libres de gluten, que cada vez son más pero no se venden sino en supermercados o en determinados negocios.

Deberán las autoridades delinear las estrategias para que el sistema de salud salga al rescate de todas las personas que padecen la sintomatología para poder hacer un diagnóstico correcto y a tiempo. Y luego garantizar la asistencia alimentaria apropiada a todos los que sufren esta patología, poniendo especial énfasis en aquellos que habitan zonas alejadas de las ciudades.

 

Fuente: www.elancasti.com.ar