La increíble historia de una imagen encontrada en un rio que cada año multiplica sus devotos.
Corría el año 1946, en el barrio ‘La Puerta’ de la localidad de Tatón, distrito Fiambalá, Provincia de Catamarca en donde vivía la familia Morales, de características humildes y muy sencillas, con un fuerte sentido religioso, inculcado por Doña Cristina Morales, madre de 9 hijos, quienes transcurren su vida en lucha constante por el bienestar familiar.
Uno de los nueve hijos del matrimonio, Rosa Bautista Morales, era el fiel reflejo de esa transmisión de tanta fe por sus actitudes de devoción que le permitirán después participar de un hecho importante que cambiaría su vida para siempre.

UN ENCUENTRO MUY PARTICULAR
El 13 de enero de 1946, los padres de Rosa Bautista, deciden enviarlo hasta el pueblo de Medanitos, distante a 25 kilómetros, con el objetivo de buscar las provisiones necesarias, teniendo en cuenta las características del lugar que impedían un aprovisionamiento diario de elementos necesarios para la vida en aquellas inhóspitas latitudes.
En la madrugada de ese 13 de enero, el joven Morales, de tan solo 14 años, transitando las quebradas y dunas, arreando una tropilla de burros, montado en su caballo –único medio de movilidad- que lo conduciría hacia un encuentro muy especial.

Después de varias horas de travesía hacia el pueblo, el cansancio puede más y decide descansar en el barrio La Soledad (Medanitos), en casa de su tía Rosalía Fernández y su tío Clemente Carrizo. Al día siguiente (14 de enero de 1946), continúa su viaje, pasando por el Rio Abaucán; se detiene para calmar su sed y es allí donde divisa una especie de imagen que aparece brillante en medio de las aguas, un poco tapado por la arena. La curiosidad del adolescente lo lleva a extender la mano para conocer más detalladamente que era ese brillo, al desenterrarlo de la arena, su mirada queda impactada por la belleza del Cristo que había encontrado, inmediatamente elevo oraciones a Dios agradeciendo semejante hallazgo, sintiéndose privilegiado por tan glorificada señal.

Luego de encontrar el Cristo, el joven Morales decide cumplir con la orden que le habían dado sus padres y regresa presuroso hacia la casa de sus tíos a quienes les cuenta lo sucedido. Deposita la imagen en un lugar especial y sigue viaje hacia su casa paterna donde al llegar les relata emocionado el hallazgo a sus padres y hermanos, que luego de elevar acciones de gracias, viajan hacia el pueblo de Medanitos e informan al párroco del lugar lo sucedido.
El Sacerdote de ese entonces, Reynaldo Brep, oficia una misa e interpreta como una señal importante para la fe del lugar la aparición de esta imagen. No se equivocó el presbítero al decir que este era un momento importante porque inmediatamente se sucedieron interminables procesiones y muestras de devoción por la imagen de nuestro Señor Jesucristo.

Para Rosa Bautista Morales, la vida no fue igual desde ese momento. La marca de ese hallazgo lo acompaño durante toda su vida, que culmino en este mundo a la edad de 33 años, lejos de su tierra natal, más precisamente en Comodoro Rivadavia. Inclusive se llegó a comparar la edad de su deceso con la edad de Cristo cuando murió en la cruz.

LA IMAGEN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
La imagen representa a Jesús en su agonía cuando fue crucificado, algunos conjeturan que podría estar bañado en oro, otros dicen que es bronce. Dicha imagen se encuentra empotrada en una cruz de algarrobo, especialmente diseñada a medida y actualmente se venera en la misma casa de la familia Morales, en barrio La Puerta de la localidad de Tatón, a unos 50 km desde Fiambalá, un oratorio construido por sus seguidores y familiares.

Cada 14 de enero, miles de fieles devotos provenientes de diferentes lugares, inclusive del sur de nuestro país, convergen en ese lugar sagrado con distintos relatos de milagros concretados e historias que exterioriza la fe de personas de todas las edades. Dicha fe lleva a que la imagen del “Señor de la Agonía” peregrine por diferentes pueblos y ciudades –incluyendo la Patagonia Argentina- en donde cada vez se suman los devotos que de a poco van conociendo su increíble historia que comenzó a trascender los límites de nuestro país.

Agrupaciones de gauchos, personas a pie o en cualquier tipo de movilidad desafían las reconocidas Dunas de Tatón para llegar a los pies del “Señor de la Agonía” y agradecerle por algún milagro recibido o simplemente para dar muestra de fe a la imagen que representa al hijo de Dios.

 

Reza con fe, un padre nuestro y pide:
que ilumine todos los de tu vida y la de tu familia con salud, trabajo, buenas cosechas y que nunca te falte el pan
¡Por nuestro señor Jesucristo, amen…!!!

Datos Gentileza: Historias de Mi pueblo