Más de una década ayudando a “los olvidados” del norte Fiambalense.

Porque hay tantas cosas lindas para ser contadas, porque en Fiambalá existe gente solidaria con valores humanos que ayudan al prójimo, desde Multimedios Abaucán elegimos contar una de esas vivencias que existen en la región.

Esta es la historia de un grupo de jóvenes que está encabezado por Walter Bustamante, cómo organizador y un conjunto de amigos desinteresados  que comenzaron a organizar los viajes solidarios a la Cordillera de San Buenaventura, llegando a los lugares más recónditos de la provincia de Catamarca donde el olvido es parte de lo cotidiano y con el que sus habitantes conviven el día a día.

En uno de esos viajes, hace 12 años, encontraron a una mujer de muchos años de edad de nombre ´Lorenza´ quien habita en plena cordillera,  a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar, en su puestito hecho de piedra pircada, construido por ella misma, con sus propias manos ubicado en un sitio muy agreste en donde la anciana cuida a sus animalitos, sus fieles y únicos compañeros que son parte de su sufrida vida.

En el momento de encontrarla, la abuelita estaba casi ciega (por una fuerte cataratas en los ojos). Al ver la triste vida que llevaba la anciana, lo jóvenes solidarios se conmovieron por la triste situación y el olvido en el que ella vivía. Ante ello se hicieron los esfuerzos para bajarla desde los cerros –su hábitat- y operarla para que Lorenza recupere la vista.

Fue tanto el afecto y cariño que sintieron los jóvenes solidarios por Lorenza que la siguieron visitando dos veces por año, llevándole mercadería y cositas que necesita para sobrevivir a los crudos inviernos cordilleranos y el cruel sol del verano que dejó sus huellas en el rostro quemado de ‘la viejita’.

Con los pasos de los años “La Lorenza Sola” (como la bautizaron) necesitó dos operaciones más, ya que ella padece de mal de Chagas su corazón no tenía fuerzas suficiente para sobrevivir por mucho tiempo, es por eso que mediante gestiones, trabajos y muchos días de preocupaciones se le tuvo que implantar un marcapasos. Ese aparato, producto de la altura o lo que fuera, se agota antes de tiempo y se la tuvo que operar para ponerle uno nuevo. Todo esto cuidados fueron hechos por estos jóvenes que además de acompañar y cuidar de Lorenza, también se acordaban de los niños que viven en estás montañas, por ese motivo en cada viaje le llevaban juguetes, ropa, golosinas y otras tantas cosas que necesitan a diario, porque en esa zona “la nada” es lo que más abunda.

Sin dudas ocuparse de los viejitos y los niños en sus etapas más vulnerables, y sobre todo de quienes viven en la cordillera, son gestos humanos para reconocer y resaltar, ya que estas personas solidarias no recorren esos lugares tan lejanos -a más de un día de viaje a lomo de mula- para buscar un voto en épocas electorales, o para posar en una foto que luego será mal utilizarla en redes sociales o medios de prensa como las campañas ilusorias. Son personas dedicadas a trabajar por quienes menos tienen o más necesitan, con una verdadera sensibilidad, dedicación y a veces vocación de servicio. Son jóvenes que no necesitan de las arcas estatales para hacer una visita esporádica, sino que con sus propios recursos, la ayuda de amigos y otra tanta gente buena, concretan una campaña solidaria que generalmente pasa inadvertida y que a través de este artículo quisimos brindar un reconocimiento público y de esa manera se sumen más corazones solidarios y de esa manera contrarrestar el adolorido olvido que resiste mucha gente en el norte Fiambalense.