La minería fue durante siglos una actividad casi exclusivamente reservada a los varones. Pero hoy, a contramano de los prejuicios, cada vez más mujeres eligen ese rubro como salida laboral. En Veladero, la mina de oro que Barrick opera y en la que tiene como socio a Shandong Gold en la cordillera de San Juan, hay numerosas mujeres trabajando en áreas tan diversas como la exploración, la gestión, el transporte y la seguridad, entre otras.

La exigencia es grande, por el horario, la distancia y el clima, pero también es grande la satisfacción, señalan estas trabajadoras. Ruth Espejo (32) conduce un enorme camión con el que lleva mineral desde la mina al área de procesamiento. «Es una experiencia única, es muy lindo manejar una máquina así, nunca lo imaginé», dice sobre su vehículo, que lleva el nº378 y es «el segundo camión más grande del mundo». Según Ruth, su puesto tiene «mucha adrenalina y mucha responsabilidad» y lo considera una importante «superación personal».

«Trabajar a 4500 metros de altura es un desafío -opina Mariela Merino (30)-. Estás lejos de tu hogar y lejos de tu familia». Mariela es geóloga y se encarga de analizar las rocas y perforaciones en busca de indicios de oro. Como ella, cada vez hay más mujeres en la mina: «No solo en los trabajos de oficina, sino también en campo: manejando, muestreando, moviendo pesadas cajas de testigos. Es un gran logro para nosotras y está muy bueno». Lo que más disfruta de su empleo es la vida al aire libre en la cordillera, «un lugar fantástico con muchas posibilidades de aprendizaje» y las horas que pasa junto al microscopio examinando minerales.

Mariela Merino es geóloga y se encarga de analizar las rocas y perforaciones en busca de indicios de oro Mariela Merino es geóloga y se encarga de analizar las rocas y perforaciones en busca de indicios de oro

A 150 km del pueblo más cercano y con más de 3.600 trabajadores, Veladero es un pequeño mundo en sí mismo con espacios para comer, dormir, hacer deporte o distraerse. «Nos conocemos todos, nos trasformamos en familia, compartimos momentos tanto felices como tristes», cuenta Tania Ribes (40). Como supervisora de seguridad, verifica que en cada frente de obra se cumplan los protocolos de prevención de riesgos para que todos vuelvan sanos y salvos a sus casas. «Nunca hubo un accidente vehicular en el que estuviera implicada una mujer», remarca con orgullo.

Tania es mamá soltera y por su actual roster -turno de trabajo- permanece en la mina 14 días de corrido, pero gracias a la tecnología, habla a diario con sus dos hijas adolescentes que están en San Juan. «Así como soy exigente acá, soy tal cual de exigente en el estudio», dice entre risas. En Veladero, se hizo amiga de varias trabajadoras mineras con quienes suele juntarse a almorzar o cenar: «Nos cuidamos muchísimo entre nosotras». Y ocho años después, sigue proyectando su futuro en la minería: «Me enamoré y no hay forma de sacarme de acá».

A la inversa, Giovanna Maratta da sus primeros pasos. Con 24 años, entró a Veladero hace dos meses para hacer sus prácticas profesionales, a punto de recibirse como ingeniera industrial. «El primer día por suerte mi cuerpo se adaptó súper bien [a la altura]. Y la chica que es mi contra turno me enseñó todo», apunta. Giovanna es técnica de expediting, y gestiona la llegada de repuestos para perforadoras, palas y camiones. Su desafío, señala, es «romper el paradigma de que la mujer no puede estar en minería» y para eso quiere seguir creciendo y aprendiendo. Además del «paisaje y las montañas», valora la camaradería del mundo minero: «Me gusta mucho el ambiente de trabajo: todo el tiempo hay alguien que te va a ayudar».

 

La Nación