Por el Prof. Guillermo Antonio Fernández.

Estimados lectores de El Abaucán Digital, meritorio medio de prensa que a través de su Director, el señor Adrián Quiroga y Flia (acérrima colaboradora), accede a comunicarnos y traspasar en un flashazo los miles de kilómetros hasta la lejana Patagonia, Buenos Aires o el propio litoral, hasta donde sé que leen estas páginas, cuando no en la Europa igual, desde ya, sean bienvenidos para acoger diferentes relatos de protagonistas locales.

Entrando ya en la recta final del 2018, como autor, manifiesto que en esta oportunidad publicaremos además de los relatos acostumbrados por quien suscribe, también los de otros incipientes narradores que desde ya están invitados a sumarse a la columna cultural periódica, requiriéndose únicamente narrar con el lenguaje ajustado a las buenas costumbres como sucesos de personajes locales cuyos sucedáneos guarden estricta relación con el acervo cultural Fiambalense y sin menoscabo en absoluto de nombre o familia alguna, cuya historia se desee publicar.

En este caso, sentando un precedente, incluiremos textos de Ramón Antonio “Tuni” Quiroga, vecino y amigo del barrio Guanchín de Fiambalá, con quien tuve la oportunidad y el placer años pasados en visitar Las Angosturas, Palo Blanco y determinados barrios locales, cazando historias, sin otra intención que recopilarlas para publicarlas como ahora, aclarando que de ninguna manera se lucra con los escritos que en este caso, son efectuados gratuitamente, al igual que el Diario que lo publica, siendo un aporte de los autores y difusores, un aporte desinteresado a la cultura Fiambalense, para que cada familia logre documentar la historia de uno de sus miembros, haciendo un cuadro con el artículo, las fotografías, en fin, lo que consideren.  Si Dios lo permite, alguna vez, con las recopilaciones de las historias que se publiquen, el que lo desee podrá hacer un libro sin fines de lucro, respetando las autorías, a cuyos efectos cedo todos mis derechos en favor de la Comunidad toda de Fiambalá.

Se aclara también que los relatos son aptos para todo el mundo (incluido como material para terciario, secundario y primario, por el tenor de las narraciones), ya que emergen de la pluma contadora de historias (simple y llana) que narra sucesos en el tiempo y espacio acaecidos en la zona, con personajes y vicisitudes, muchas veces hasta controvertibles por ahí, a la hora de sometérselos a la luz de la veracidad. Aunque, siempre se enriquezca, como ocurre con la leyenda o el mito, al prodigarle cierto halo de misterio al relato.

De todos y cada uno de los hijos leerán ustedes, de los pueblos y puestos del distrito, de hombres y mujeres, bravías, tenaces, escuetas y laboriosas, de tierras, de vergeles, lejanías y hermosuras, oirán del viento blanco también, del zonda y el agua helada en las alturas, de los nobles y también de bandidos, de las viñas en flor, del arca y el mate dulce con tortillas, de las tardes en los cerros cuando las cabras regresan a los corrales, del humo de las estufas en las noches de invierno, de un hombre y su mujer que trasuntan en silencio y de la mano, la inevitable y cansina marcha, llevando adelante la familia, luchando porque su pasos no se den en vano.

Al respecto, si se habla del destino, siempre evoco a un viejo amigo, cuyo nombre hoy se me escapa. Él, alguna vez supo señalarme (Quizás el “Tío Juan” Monsalvo, para quienes lo recuerden- Vivía frente a Racing, vendiendo ropa):

       “Si paso por la vida y no dejo huellas, ¿para qué paso?”, solía decirme.