CARA Y CRUZ – (Diario El Ancasti)

Del artículo sobre el letal incremento de la tarifa energética que impactó sobre la firma Cabernet de los Andes este mes, publicado en la edición del jueves de El Ancasti, es pertinente destacar que Carlos Arizu, propietario del emprendimiento, ya había advertido dos años antes sobre los perjuicios que acarrearían a la producción políticas implementadas desde la Casa Rosada sin considerar las características particulares de las economías regionales.

En marzo de 2016, el empresario había enfatizado en el golpe para la rentabilidad de los proyectos productivos que requieren riego por bombeo de tarifazos que habían empardado el costo de la energía con el de los salarios. Poco más de dos años más tarde, Cabernet de los Andes tiene que pagar una boleta superior a los $105 mil, que representa una vez y media el monto de los sueldos. Una vez y media: se trata de una relación insostenible.

El derrotero de la crisis expone el fracaso de las políticas productivas locales, porque el distorsionado criterio de la Nación hacia el interior es suficientemente conocido. Es la dirigencia política y empresaria provinciana la responsable de construir consensos y diseñar estrategias eficaces para torcer los desatinos o visibilizarlos.
La previsión no parece formar parte del esquema de razonamiento oficial. Todo es meramente reactivo, por detrás de los hechos consumados: el Estado provincial recién sale a auxiliar y gestionar cuando las debacles se producen, como puede constatarse en el rubro textil, que es donde más sangran los puestos laborales. A esta altura, limitarse a echarle la culpa a la Nación y a Macri, por mucho que la tengan, constituye una defección palmaria.

La dimisión, sin embargo, permanece políticamente impune en una provincia ganada por el empleo público como horizonte laboral y existencial casi exclusivo. Los votos que podrían rastrearse en el universo de la producción son insignificantes, las corporaciones del sector productivo son incapaces de movilizar a la opinión pública detrás de sus metas. De tal modo, la política, oficialista u opositora, no ve motivos para meter el cuerpo en la pelea; no se compromete porque no espera obtener provecho electoral alguno.
“No entiendo esta política de anorexia productiva, que lleva al cierre de las fuentes de producción. Esta gente solo sabe restar, achicar, y de esta crisis brutal solo se sale creciendo. Si producimos más, todos los efectos serán positivos”, dijo Arizu. He ahí la explicación: el pensamiento de la política está orientado por el electoralismo.
En tal marco, se cae la producción agrícola, industrial y agroindustrial, y la gente que pierde el empleo, indefectiblemente, va a presionar para entrar en la administración pública. Un círculo vicioso que el Gobierno, que en sus inicios se planteó como meta promover el desarrollo y la creación de trabajo en el sector privado, no ha sido capaz de romper.

Cabernet de los Andes es una bodega catamarqueña emblemática. Produce los prestigiosos vinos Tizac, Plenilunio y Vicien, alrededor de 150 mil botellas al año. Arizu consignó que sobrevive gracias a que exporta el 40% del vino que produce a los Estados Unidos e Inglaterra, porque la depresión del mercado interno no permitiría obtener rentabilidad.
El empresario recordó que a fines de los 90 se alentó a invertir en riego por bombeo en el marco de políticas tendientes a la recuperación de tierras áridas. Dos décadas más tarde, los lonjazos tarifarios inducen a la deserción. ¿Cuánto se perdería en términos de inversión?
La superficie plantada en Catamarca viene experimentando un sostenido retroceso. De 24 mil hectáreas que había en 2000 quedaban 11 mil en 2017.
Son activos perdidos, muy difíciles de recuperar. Una condena para las generaciones futuras.

 

Fuente: www.elancasti.com.ar