La legión de aspirantes a concejales de la Capital está más que enojada, y el malestar se extiende a intendentes, porque las feroces internas del oficialismo provincial ya se trasladaron a la campaña.

NI siquiera la gobernadora Lucía Corpacci, hasta ayer intocable en el justicialismo, se salva de las críticas, y todos se quejan por su “falta de compromiso” en la campaña.

“Cuando ella era candidata salía mañana, tarde y noche, ahora ni aparece. Hizo el acuerdo con Jalil y parece que ya está de vacaciones”, se quejaron.

Es bastante cierto, ni se compara lo que hacía Corpacci antes con lo que se mueve en esta campaña, a pesar de que en realidad si es candidata a diputada nacional. Pero siente que su lugar ya está asegurado, y le soltó la mano a la tropa.

Están muy enojados en el bunker de Gustavo Saadi, que vivió un papelón en la “caminata” por el Achachay, donde no fue nadie y la gobernadora estuvo apenas unos minutos con mala cara, para colmo acaparada por Nico Zavaleta.

Pero la cosa no pasa solo por ese acompañamiento, sino por la moneda. Hay quejas porque dos o tres candidatos se reparten todos los recursos, y a los demás no les dan ni para el agua.

No hay folletos, no hay carteles, no hay nada. Todo lo que se ve es Gustavo y Gustavo, más Brumec por la gentileza de no liquidarlo en la interna.

“Tranquilos compañeros, Lucía aprieta el acelerador la última semana y ya está, no hace falta más”, aseguran en el comité de campaña. Pero ya muchos empiezan a calcular que el “voto bronca” puede hacer ruido en el propio peronismo durante las PASO.

No hay un jefe de campaña y ese es el gran problema. El castillista Diego Moreno, colocado al lado de Raúl Jalil por la amistad de Edgardo Moreno con Oscar, anda por su lado, Joao Andrada está perdido como siempre; Pancho Mercado anda con sus vinos, Ramón Figueroa Castellanos llora miseria, el Taro Molina no tiene ni actos donde ir a aplaudir. Lucía anda relajada despidiéndose de todos y el barco se mueve para todos lados. Nadie agarra el timón.

La gran inversión fueron carteles que venden los empleados de Brumec, el asesoramiento porteño que venden desde el IPAP, y un par de negocios más de los mismos funcionarios.

Este Saadismo ochentoso está haciendo la peor campaña de un oficialismo desde que Brizuela se mandó por la re-re en 2011.

 

El Catucho

Fuente: www.airevision.com.ar