Cara y Cruz – (Diario El Ancasti).

Corren tiempos violentos. Eso se respira en la calle, donde los insultos y las agresiones entre conductores por cualquier maniobra u omisión se han vuelto rutinarios; también en las canchas de fútbol, que han pasado a ser escenarios de terribles enfrentamientos entre hinchadas rivales; en la escuela, un ámbito que solía ser inmaculado y que hoy se ha transformado en un espacio tenso, donde un docente corre riesgo de ser agredido por un alumno o un padre solo por poner una baja calificación.

Y también hay mucha, demasiada, violencia en las redes sociales, que se han vuelto un lugar de ataques y descalificaciones de la peor calaña. Prácticamente no existe el trato amable, el comentario constructivo. Casi todo es agravio, humillación, resentimiento, odio.

Pero lo que más preocupa es que tal nivel de agresividad que se expresa en público sea, quizás, la exteriorización de un estado de violencia que se vive en el seno del hogar. Y, lo que es peor, que se naturalice la idea de que la única forma de resolver el conflicto es la aniquilación del otro.

Esto está ocurriendo en Catamarca. Entre el miércoles y el viernes pasados, tres mujeres fueron brutalmente asesinadas. En un caso, está comprobado que el homicida fue su pareja; en los dos restantes no hay elementos de prueba que permitan acusar a alguien, aunque las sospechas apuntan a ex parejas. Fueron 72 horas frenéticas. Nunca antes hubo tanta violencia desatada contra mujeres en tan corto lapso de tiempo. Es decir, tanta violencia con saldo fatal, porque las denuncias de esos hechos se apilan en las fiscalías.

El miércoles, Susana del Carmen Villagra, de 59 años, no alcanzó a llegar con vida al hospital, luego de ser trasladada desde Las Tunas, Santa Rosa, donde su pareja, Custodio Quinteros, de 60, la atacó con una furia sanguinaria: le dio palazos en la cabeza hasta dejarla inconsciente. Como supuso que la había matado allí, ingirió alcohol y se colgó. Pero justo llegó un vecino y lo salvó. Susana murió en el camino; Custodio se recupera.

Al día siguiente, en una acequia a un lado de una ruta de Fiambalá, apareció el cuerpo sin vida de Elba Ibáñez, de 35 años y madre de dos hijos. Tenía con ella el celular y su billetera con dinero; sin dudas, no querían robarle. Horas después, la autopsia determinó que la causa de su muerte fueron los golpes que recibió en la cabeza. Fue homicidio. El único sospechoso, un ex novio, fue liberado porque los investigadores no hallaron nada que pueda comprometerlo. Una multitud marchó en ese pueblo en reclamo de esclarecimiento y justicia. La indignación se mezcla con la impotencia ante la ausencia de culpables.

Finalmente el viernes, en la apacible localidad de La Tercena, FME, el tercer femicidio: el cuerpo de Georgina Avellaneda, de 38 años y madre de 5 hijos, apareció tendido en el fondo de su casa paterna. Su hijo mayor lo encontró y avisó como pudo a la Policía. La habían golpeado en la cabeza y luego la estrangularon. El principal sospechoso es un ex novio, al que la Policía aún no pudo hallar.

¿Qué se puede hacer frente a tanta locura desatada? ¿Cómo combatir esta enfermedad social que asola a Catamarca y que tiene a las mujeres como principales víctimas? Por lo general, estos casos están precedidos de denuncias de violencia doméstica o de género que hicieron las víctimas y que no fueron atendidas. Sucedió, por ejemplo, con “Majo” Arias Gibert, la joven que se quitó la vida y que su familia descubrió que tal hecho fue el corolario de una historia de violencia y sufrimiento; que ella había realizado numerosas denuncias ante la Justicia que nunca salieron del cajón.

Según el juez de la Corte José Cáceres, la Justicia está atiborrada de denuncias de esa naturaleza que no puede dar curso por carencia de recursos humanos. “El Poder Judicial tiene el 3% del presupuesto provincial; nos falta gente para trabajar y actuar en los casos de urgencia”, dijo a este diario. Pero además reconoció que no existe un trabajo en red entre la Justicia y los organismos específicos del Ejecutivo frente a estos hechos.

Es hora que jueces, policías, funcionarios e instituciones definan un plan de acción y lo pongan en marcha cuanto antes. Las mujeres están muriendo. Y Catamarca muere con ellas.

 

Fuente: www.elancasti.com.ar