En la localidad de Tatón.

Todos los 14 de enero, en barrio La Puerta de la lejana localidad de Tatón, distante a 45 km al norte de Fiambalá, se viste de fiesta por las celebraciones del ´Señor de la Agonía´, para lo cual, en años anteriores, cientos de peregrinos de diferentes lugares asistían al lugar para agradecer o peticionar algún milagro a la imagen de Jesús en el momento de su agonía en la cruz (por lo que lleva su nombre).

En este 2022 y de igual manera a como fue el año pasado, dichas festividades se ven suspendidas por la pandemia, por tal motivo no habrá celebraciones religiosas y la asistencia de promesantes y devotos será limitada con todos los protocolos vigentes.

 

LA HISTORIA

Este es el caso del “Señor de la Agonía”, de La Puerta de Tatón, una localidad ubicada dentro del distrito de Fiambalá. Este paraje se encuentra a algo más de 100 kilómetros de la ciudad de Tinogasta, en medio de plena precordillera y sobre el territorio de la provincia de Catamarca.

Por Ruta Provincial N° 34 se llega a un cruce, después de pasar Fiambalá y Saujíl, donde uno de los caminos va hacia la localidad de Palo Blanco y el otro hacia la localidad de Medanitos. Es por este último (Ruta Provincial N° 135) que se debe avanzar y después de pasar La Soledad y el río en Medanitos, se empieza a tomar contacto con las majestuosas dunas que rodean al camino.

Montañas de médanos van marcando el paisaje de la zona, arenilla muy fina que se desplaza de un lugar a otro, según la dirección del viento. En ese movimiento y quietudes momentáneas se van formando figuras, que el ojo humano detecta rápidamente. A los pocos kilómetros y al lado del río, se empieza a ingresar a la localidad de Tatón y pasando por medio de este pueblo, unos cinco kilómetros más en medio de montañas, se llega a La Puerta de Tatón, lugar donde se encuentra la capilla o el oratorio del Señor de la Agonía.

Pero hay que remontarse a la década del ´40 del siglo XX para dar cuenta de esta historia de fe. En lo que se puede leer en el oratorio, hay un texto que indica que: “En La Puerta de Tatón vivía la familia Morales. Don Faustino Morales y Doña Cristina Cerapio, familia humilde y sencilla, luchadores constantes para alcanzar el bienestar de la familia. De este matrimonio nacen nueve hijos, uno de ellos de nombre Rosa Bautista Morales, que de muy temprana edad manifestó una profunda fe religiosa, muy responsable y respetuoso.

En enero de 1946 sus padres deciden enviar a este adolescente hasta la localidad de Medanitos, distante 25 kilómetros, a buscar los alimentos básicos para la alimentación del mes. En aquellos años no existían métodos de comunicación, ni sanidad, ni transporte alguno. Rosa Morales partió desde su casa en La Puerta de Tatón en horas de la madrugada montado en un burrito y arriando otros cuatro en los que traería lo que comprara.

Es importante resaltar el paisaje, que es muy agreste, desértico  y con muchos campos medanosos, difícil de transitar. Después de algún tiempo, pasando por La Soledad, llega hasta el Río Abaucán, donde el niño baja del burro para deleitarse con el agua cristalina, beberla y mojarse un poco, ya que el calor del mediodía era agobiante.

En el momento de tomar agua, ve brillar un objeto con densidad. Este chico con curiosidad comenzó a excavar la arena descubriendo “algo” metalizado, luego de librarla del barro y unas raíces, quedando perplejo, casi inmóvil, comprobó que se trataba de la imagen de Nuestro Señor Jesucristo. Lo observó detenidamente, luego se arrodilló y comenzó a rezar e implorando a Dios pidió que iluminara el momento que vivía.

Acomodó a Cristo en lo más alto de una planta de sauce y siguió camino hacia Medanitos, donde compró los alimentos que sus padres le habían encargado. Después regresa presuroso. Bajó la imagen de la planta de sauce y al anochecer llegó a su casa, relatando todo con detalles a sus padres y hermanos, quienes no podían creer lo que este chico contaba. La familia entera se emocionó, lloraron abrazados y rezaron con mucha fe pidiendo protección.

A la semana todo el pueblo de Tatón se anotició de lo sucedido. También se informó a las autoridades eclesiásticas de Fiambalá, quienes apoyaron espiritualmente y psicológicamente al adolescente y a su familia. Se hicieron las investigaciones del caso para tratar de dar con los dueños de la figura encontrada en el río, pero no se pudo concretar ninguna averiguación. La aparición era un misterio.

Desde entonces se venera al Cristo Hallado como “El Señor de la Agonía” en su humilde capilla en La Puerta de Tatón y se lo considera muy milagroso. Sus fieles peregrinan, atravesando campos a pie o a caballo, sin descansar pidiendo salud, trabajo, buenas cosechas y que nunca falte el pan en los hogares de cada habitante del pueblo de Tatón.

La figura recibe esta denominación porque la cara del Cristo aparece con una expresión de agonía o resignación, lo cual hace suponer que la estatua refiere a los últimos días de vida del Señor en la Tierra.

El adolescente Rosa Morales ya hecho un hombre, decide emprender viaje al sur del país, a la ciudad de Comodoro Rivadavia, donde se emplea en Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Por esas cuestiones del destino, que pueden ser casuales o causales (según la creencia de cada uno), el hombre murió a la joven edad de 33 años, la misma edad que falleció Jesús Cristo.

Hasta el día de hoy, los habitantes de Tatón se pasan el Cristo de casa en casa, cada familia lo tiene algunos días para poder rezarle y luego es devuelto a su lugar. Nadie lo daña y nadie lo roba, a pesar de que estaría hecho de oro macizo.

Después de su fallecimiento se pudo acceder a esta historia que está distribuida por todo el país. El Señor de la Agonía es tan milagroso que muchos son los peregrinos que llegan a Tatón para agradecer, para pedir y muchos también son los viajes que esta imagen ha realizado de mano de sus peregrinos por distintos puntos del país, incluyendo la Patagonia. Por eso, antes de viajar para conocerlo, hay que comunicarse telefónicamente para saber si la imagen se encuentra en la localidad de Tatón.

Como una costumbre, cada año, en su festividad, se acostumbra a “bañar” la imagen (por su origen de haberlo encontrado en el rio) y esa agua se distribuye a los promesantes, quienes la consideran bendita y manifiestan haber recibido cientos de favores y milagros, especialmente en su salud.

Lo cierto es que en la actualidad la devoción por el “Señor de la Agonía” traspasó muchas fronteras y la fe incrementa en sus devotos que se multiplican cada año.