Todos los 29 de Junio, los Fiambalenses y miles de devotos homenajean a su Santo Patrono.

(Investigación EXCLUSIVA de MULTIMEDIOS ABAUCÁN ©)

Según narra la historia, el capitán Domingo Carrizo se dedicaba al comercio, realizaba largos y penosos viajes al Alto Perú y Bolivia, adonde llevaba a lomo de mulas, pasas de uva, aguardiente y traía artículos de Castilla, como muebles, platería y joyas. En uno de esos viajes, en un pueblo perdido de Bolivia, tomó conocimiento que en una iglesia casi destruida, los indígenas adoraban a San Pedro, a quien brindaban cultos bárbaros con poca devoción y respeto. Cuando Domingo Carrizo ingresó al templo para orar y ver a San Pedro, sintió el deseo de llevárselo con él, pero para ello le pidió al santo que “si quería venir, a la medianoche debía estar la puerta abierta del templo”. El capitán Domingo Carrizo regresó a la medianoche y las puertas de la iglesia estaban abiertas. Sin meditarlo levantó a San Pedro en su brazos, lo acomodó en una “petaca” de cuero y emprendió viaje, perseguido por los indígenas, quienes embravecidos trataban de recuperar la imagen de su patrono.
Cuando era inminente la captura del capitán Domingo Carrizo y la imagen de San Pedro, se levantó un fuerte viento y la polvareda desorientó a los nativos. Carrizo continuó con su marcha por la Quebrada de Humahuaca (Jujuy) y Salta, e ingresó a la Quebrada de los Valles Calchaquíes, teniendo en su haber ya el primer milagro, es decir el haber logrado escapar de los indígenas. Luego de mucho peregrinar, el capitán Carrizo, con profunda fe religiosa, le pidió a San Pedro que le indicara a donde quería quedarse. Así fue que llegando a Fiambalá, la mula que transportaba la imagen, cayó al suelo sin poder levantarse al lado de un frondoso algarrobo.
El capitán Domingo Carrizo se apeó y corrió para levantar a la mula, pero le fue imposible debido al peso de la carga. Carrizo pidió ayuda, pero todos los intentos fueron en vano. De inmediato sintió que esa era la señal que le enviaba San Pedro y que ese era el lugar en él que quería quedarse, es por eso que en ese entonces se inició la obra de construcción de la iglesia en el año 1.770.

Tal era la devoción del capitán Domingo Carrizo, que en su testamento redactado el 17 de agosto de 1795, ordenó los expendios con que se deberá mantener el templo de San Pedro y además su deseo de que su cuerpo fuera sepultado en el mismo edificio.
Actualmente la iglesia de San Pedro, es uno de los puntos más visitados por la masa turística que visita Fiambalá, por tratarse de un Monumento Histórico Nacional (declarada en el año 1941); la rica historia de la imagen, las reliquias que se conservan en el templo y por denominarse “El Santo Caminador”, debido a que afirman que cada año deben cambiarle los zapatos porque los mismos se gastan y deben ser reemplazados para esta fecha.

 

LA IMAGEN DE SAN PEDRO

Es una imagen de la santería Cuzqueña, es articulada y está sentado en un sillón de madera hecho a su medida tiene corona, cruz papal y llaves de plata, lo llamativo son sus zapatitos de número 26, que los fieles le llevan cuando hacen una promesa (por lo general le piden a los promesantes que sean de suela en la base del calzado), también le ofrendan los trajes que le van cambiando de acuerdo al tiempo litúrgico, es decir que su vestimenta tiene el mismo color que viste el sacerdote. No hay que olvidar que San Pedro es el primer Papa.

Otro detalle es el gallito que tiene sobre su silla del lado izquierdo, que recuerda las palabras que le dijo Jesús antes de ir preso… “ante que cante el gallo me habrás negado tres veces”.

Cruz Papal, como la patriarcal, pero con tres travesaños; el superior normalmente más corto que el inmediato inferior. Se la conoce también como cruz triple de los pueblos de Occidente. Esta cruz es una invención de los artistas para significar la suprema autoridad del Papa, pero su uso se consolidó ya desde el siglo XV.

La Cruz Papal: Con tres travesaños de longitud diferente, es la utilizada por la jerarquía eclesiástica.

 

Iglesia de San Pedro de Fiambalá Monumento Histórico Nacional declarado en el año 1941

 

Sello Postal de la República Argentina de 1998

Agradecimiento: Arquitecto, Luis Omar Toledo.

En memoria de la Profesora Graciela Castellanos de Figueroa (Fallecida en el año 2011).