Página 12 entrevistó a la Intendente Roxana Paulón.

(Por Idangel Betancourt) – Es intendenta de Fiambalá, la última ciudad de la Ruta Nacional 60 que pide despertar entre volcanes de más de 6.000 metros de alturas.

Asumió en 2015 y es parte de la selecta lista de intendentas que ha tenido la provincia, siete en total. Hasta la gestión anterior fue la única, entre 36 intendencias. Antes, la intendencia de Fiambalá la ocupó por 30 años un hombre.

Roxana Paulón es odontóloga. No viene de la política, como ella aclara, pero parece haber nacido para hacerla. Es intendenta de Fiambalá, la última ciudad de la Ruta Nacional 60 que pide despertar entre volcanes de más de 6.000 metros de alturas. Una historia milenaria, paisaje único de naturaleza descomunal, y un clima especial para producir vinos de altura, son motivos más que suficientes para prestar atención a lo que ocurrirá en los próximos años en la ciudad puerta del Paso de San Francisco.

 

Después de 30 años ha sido el primer cambio político en Fiambalá, ¿cómo ha influido además el hecho de que el cambio viniera de una mujer?

 

Fiambalá ha sido gobernada 30 años por la misma persona, por un hombre. Entonces venimos nosotros de un partido político diferente, siendo mujer, ha sido un poco complicado al comienzo, pero la gente se fue acostumbrando a ser gobernada por una mujer. Y la mirada es diferente en cuanto a lo social.

Pareciera que la política es un mundo de hombre. En Catamarca hasta la gestión anterior fui la única mujer en toda la provincia entre 36 intendentes, ahora somos dos. Así que sí, la mujer escasea en este ámbito. Todos sabemos que es un ámbito machista y cuesta. Hay patrones patriarcales muy formados que uno intenta romperlos y dentro de este ámbito aún más. Parece una frase trillada esto de “cuando sos mujer te cuesta más”. Pero es una realidad. Creo que una tiene una fortaleza, y que la mujer gobierna de una manera diferente, quizás con una sensibilidad especial.

 

Dijo que la mirada  de la mujer en la política es diferente en cuanto lo social, ¿cómo se traduce eso en la sociedad?

 

Fiambalá tiene un flagelo que creo que es el peor flagelo que puede tener la humanidad, que es el suicidio de nuestros jóvenes. Y la verdad que tenía un índice muy alto y trabajamos mucho en lo social y hemos logrado disminuir ese flagelo. Aún sigue presente porque los resultados siempre son a largo plazo. Nosotros hemos tenidos muy buenos resultados y en corto plazo.

En 2015 recibimos la gestión con 18 suicidios en 2 años y medio. En 6 años que llevamos sólo hemos tenido 6 suicidios. Hemos bajado muchísimo la tasa de suicidios de adolescentes. Y Fiambalá tiene esa particularidad que son los pactos suicidias, que son o dos hermanos o una pareja o dos amigas. Sabíamos que teníamos que trabajar muchísimo con los jóvenes, pedimos ayuda en todos los lados para poder avanzar. Y además, ha cambiado la franja de edad, ya no son los jóvenes, en pandemia hemos tenido 3 suicidios de personas de 60 años.

Es difícil, pero creo que logramos que el joven se sienta protagonista, que pueda tener opciones, esa era la mayor problemática, y trabajamos mucho en el núcleo de la familia.

Las termas de Fiambalá es uno de los principales atractivos. La semana pasada fue aprobada la media sanción de la expropiación, al parecer ha tenido un costo político.

 Fiambalá tiene una situación muy especial, nada está saneado. Es como algo cultural, las casas de las personas tampoco están saneadas, los viñedos tampoco, pertenecen a los abuelos, a los bisabuelos. Con la bodega municipal también nos costó mucho trabajar, porque el Instituto Nacional de Vitivinicultura nos pide los viñedos saneados. Y absolutamente todo tiene ese mismo problema, el edificio municipal no estaba saneado. Todo lo que pertenece a la municipalidad tampoco, y en ese contexto el complejo termal tampoco estaba saneado. En papeles pertenece a una persona de nacionalidad china, que es dueña de todos estos campos y está plasmado en papeles. Entonces necesitábamos poder sanearlo y devolvérselo al pueblo de Fiambalá, más allá de que las termas son de Fiambalá y pertenecen al pueblo, pero en los papeles dice otra cosa, entonces, me parece importante empezar a legalizar todo lo que corresponde al municipio.

Fuimos por una prescripción administrativa, no se pudo dar, y después fui al gobernador a explicar este problema, así que el camino más corto fue una expropiación de parte de Provincia para devolvérselo al municipio de Fiambalá. Allí es donde surge toda la mala información y querer confundir a la gente. Estuvo un gobierno 30 años y no se ocupó de sanear y de hacer lo que corresponde con el complejo termal. Los costos son altos en cuanto a lo político, pero yo necesitaba asumir esos costos, porque siento que hay que devolverle con papeles el complejo a la gente. Una vez que se apruebe en Diputados, será ley la expropiación de las termas y de todo lo que rodea a las termas y se podrá devolver a Fiambalá como corresponde.

 

La uva tuvo este año un precio récord, ¿cómo evalúa la intervención del Estado en este acontecimiento?

La producción vitivinícola caracteriza a Fiambalá. Hay un pueblo que se llama Medanitos que tiene la producción más grande tal vez de Catamarca, porque tiene la bendición que es el agua, y tiene una producción de 7 millones de kilos de uvas al año.

Cambiamos la economía del pueblo y de toda la zona. Hicimos una bodega municipal, con ayuda del gobierno provincial. Esa bodega ha cambiado la vida de los productores, porque instaló competencia en el pueblo. Antes lo que sucedía con la uva era que venía un empresario, llevaba la uva a muy bajo costo y la pagaba en cuotas, entonces el productor siempre era castigado y nunca podía vender al precio que correspondía y darle el valor al trabajo del viñatero. Nosotros con la instalación de esta bodega logramos levantar el precio. El gobierno provincial hizo algo histórico en Catamarca. Levantó el precio de la uva, se la vendió a 16 pesos el kilo y al contado. Esto nunca había pasado, se llevaba a muy bajo precio y se la pagaba en cuotas. Hubo una economía regional que se vio y ese vuelco económico fue a la gente de Medanitos y a toda la zona, porque todos los pueblos tienen producción. En plena pandemia la gente vivió una situación económica favorable gracias a la venta de la uva.

 

Pareciera que Fiambalá pudiera desarrollar mucho más la producción del vino.

Fiambalá tiene una proyección y un potencial increíble. Solamente que no logramos desarrollarlo o poder posicionarlo de otra manera. Estamos trabajando en declararlo zona orgánica, porque eso nos va a ayudar en todo sentido. No solamente tenemos la uva, el cuero también, hay curtiembres de chicos jovencitos mediante cooperativas y trabajan de una manera increíble. Y todo lo que nos rodea y tenemos es orgánico. Entonces ya empezamos a trabajar en declarar zona orgánica a todo los que es Fiambalá, y eso le puede dar un valor agregado al vino y a la uva. Podemos preservar lo que es nuestro sin que se contamine absolutamente nada.

 

Hay un proyecto de litio en exploración, ¿existe consenso social para la minería en Fiambalá?

Siempre digo que lo que pase en un pueblo con la minería depende del gobierno de turno. Por eso creo que tenemos una gran responsabilidad y un gran compromiso con nuestra sociedad. Minería, turismo y producción son cosas que pueden ir de la mano y ayudarnos al desarrollo y crecimiento de los pueblos.

Creo que la gente tiene que saber de verdad lo que se está haciendo cuando entra una empresa minera. Fiambalá está llena de huellas minera por todos lados, y nunca nos enteramos de eso. Nunca nos enteramos que había exploraciones mineras. Y siempre se lo manejó como un tabú, algo que había que escondérselo a la sociedad, y nosotros empezamos a hacer el camino inverso. Me parece que la sociedad merece saber absolutamente todo lo que pasa en nuestro distrito. Empezamos a hablar de minería y empezaron las empresas mineras también a hablar abiertamente lo que querían hacer en nuestra sociedad. Seguimos en estudio de exploración, pero cuando uno es responsable y exige a las mineras que trabajen de otra manera, no tiene por qué haber esta discusión y de verdad en Fiambalá hubo consenso con la minería. Fue una reunión abierta donde podía participar todo el pueblo, y vino muchísima gente. Y la empresa minera debe tener el 85% del personal de Faimbalá, en eso somos muy exigentes. La gente empezó a ver la seriedad con la que ellos están trabajando.

 

El año pasado se modificó la ley de coparticipación minera de la provincia, ¿cómo ve el tema de la coparticipación minera?

Con el tiempo fuimos perdiendo cada vez más fondos. Teníamos el fondo sojero que lo terminamos perdiendo y realmente era un fondo muy útil para los municipios, porque era un fondo con el que podíamos crecer y de pronto nos fueron sacando todos los fondos y quedamos únicamente con la coparticipación y por ahí se quiere llevar a que los municipios sean solamente entes pagadores de sueldos y de que dependamos de Provincia y de Nación para que podamos crecer o desarrollar y hacer obras. 

Con la minería, creo que debe manejarlo primero cada provincia y después cada lugar donde se desarrolla la minería. No es justo una coparticipación diferente, porque el lugar donde tiene la minería debe tener el mayor de los beneficios, más allá de que obviamente vaya a toda la provincia.

 

Fuente: www.pagina12.com.ar