El constante y progresivo deterioro en diferentes rutas del norte del distrito de Fiambalá comenzó a superar los límites de tolerancia de los pobladores del norte, como así también a comerciantes que proveen mercadería y decenas de docentes que transitan todos los días a diferentes poblaciones que forman parte del amplio distrito Fiambalense.

El padecimiento comienza a pocos kilómetros de Fiambalá hacia el norte, sobre Ruta Provincial N° 34, (tramo Fiambalá – Saujíl) hasta llegar al empalme de la Ruta N° 135 que conduce a la localidad de Tatón, la cual se encuentra en un estado deplorable con mucho médano sobre el trazado, según informaron pobladores de esa zona.

Continuando con el trazado de la Ruta N° 34, en el sector de Palo Blanco hacia el norte, que se conoce como zona de “La Herradura”, pasando por Punta del Agua y el otro tramo que conduce a Antinaco, el estado de los caminos son “Calamitosos”, como lo califican los habitantes que envían distintos menajes a la redacción de Multimedios Abaucán.

“Queremos dejar bien en claro que no nos estamos aprovechando de una época de campañas electorales para hacer este reclamo de vieja data. El pésimo estado de los caminos viene de muchos años y cada vez causa numerosos inconvenientes, entre ellos el deterioro de los vehículos, accidentes, y ni hablar si tiene que transitar con mucha urgencia una ambulancia, por ejemplo (…) Nosotros solo pedimos que por favor arreglen las rutas. Ya no se puede transitar en ese estado. Rompemos cubiertas y nuestros vehículos no dan más.

A quienes les compete el área de mantenimiento de caminos, le pedimos que recorran en sus vehículos particulares o personales para que lo vivan en carne propia lo que nosotros lo sufrimos todos los días”. Expresan diferentes comentarios que envían los lectores.

Desde la localidad de Saujíl, atribuyen como responsables del deterioro de la ruta a los camiones que a diario transportan toneladas de arenas Silíceas” o Puzolanas. Reclamo que también lo hacen los habitantes del barrio Juan Manuel Salas de Fiambalá en donde el inconveniente por los transportes pesados se extiende a daños en diferentes viviendas de ese vecindario, aparte de las rutas.

En lo que se refiere al tránsito diario de docentes, los educadores viven a diario un peligro latente, con significativos daños en sus vehículos y con la incertidumbre de poder regresar bien a cada uno de sus hogares, con sus familias.