La falta de organización resiente al normal funcionamiento del hospital local.

En estas últimas horas se pudo observar en el Hospital “Dr. Luis Agote” y centros privados de Fiambalá un importante número de personas, de todas las edades, que asisten con fuertes síntomas de gripe, como por ejemplo: fiebre, dolor de garganta, tos, vómitos y diarreas, según explicaron algunos facultativos, quienes además agregaron que ya se hicieron muchos test para saber si es COVID, pero dieron como resultado negativo.

A todo esto se suma el gran inconveniente que sigue sin solucionarse en Fiambalá y poblaciones del norte que es la escases de personal médico, y en algunos casos, los pocos que hay, limitan los números y horarios de atención, sin importar los síntomas y estados evidentes de los pacientes.

Afortunadamente en Fiambalá y todo el norte existen enfermeras y enfermeros con una enorme vocación de servicio, sentido común y solidaridad con la gente, especialmente cuando los ven en mal estado, siempre tratando de dar una solución o una palabra de aliento. Cosa que en “algunos médicos” no existe o parecen olvidados del porque estudiaron esa carrera.

Dentro de todos los estados de redes sociales que se refieren a este tema, se pudo observar la queja de una madre que asistió el pasado lunes a las 10:30 de la mañana, con un niño de corta edad, casi desvanecido por el estado que se encontraba el menor, y le contestaron “que no había médico y no sabían si alguno atendería ese día”. Para la suerte de ellos, después llegó una médica que pudo verlo a las apuradas y recetarle algunos medicamentos.

En otro caso que también es un pequeño de corta edad, arribaron al hospital pidiendo que se lo asista, y la madre al ver y conocer a su hijo, recomendó y solicitó a la médica de turno que se lo revisara más exhaustivamente y de ser necesario se le inyecte algún medicamento que haga una efectividad más rápida, pero la médica se negó rotundamente al petitorio de la madre que tuvo que regresar a su hogar con su hijo en el mismo o peor estado en el que se encontraba.

Por otro lado, la gente que asiste al nosocomio local solicita que se instale bancos o sillas para poder realizar las largas esperas, dado que por el momento, deben esperar en el ingreso de la ambulancia, sentados afuera, en un banco de madera para tres personas, y las demás deben esperar parados o como puedan, aun si el grado de enfermedad no le permite estar parado por varias horas.

De igual manera, algunos pacientes comentaron que los facultativos les hacen las recetas por un número determinado de remedios que deben pasar a retirar de forma gratuita en la farmacia del hospital, pero al llegar al lugar le recortan esa cantidad, aun contando con el stock suficiente para dárselos “Si quisieran, por supuesto”.

Como no todo es malo, también es necesario resaltar la notable tarea y vocación de servicio del cuerpo de enfermeros y los médicos Valeria Castro, Osmar Pollo y Javier de La Fuente, quienes a veces trabajan de forma sobrehumana para atender a la población, especialmente a quienes menos tienen.

Es de público conocimiento que en muy poco tiempo Fiambalá contará con una obra colosal, moderna,  muy necesaria y con una gran inversión, como es el nuevo hospital. Pero también es necesario que cuente con el personal suficiente y profesionales con ganas de trabajar y atender a los pacientes como se merecen (con “Humildad”, una palabra casi olvidada), además de contar con el equipamiento que requiere hoy en día un centro de alta complejidad.