Una visita al puesto de Los Melaos, a 3.600 msnm.

La intendenta Roxana Paulón cambió en 2015 la historia política de Fiambalá: su predecesor había gobernado por 30 años desde la época del proceso bajo la bandera del radicalismo.

En el puesto Los Melaos, en la pre-cordillera de Los Andes, a 3.600 msnm viven María Hernández y Casiano Ramos, un matrimonio que se dedica a la cría de ganado caprino y en menor medida al vacuno. Para llegar a Los Melaos hay que hacer 2 horas en vehículo 4×4 y otras tres a caballo por desfiladeros de difícil acceso para los animales, donde un paso en falso puede costar la vida, ni más ni menos.

La intendenta Roxana Paulón encabeza la caravana, con ella va un equipo con vacunas para el ganado, una trabajadora social del Centro Integral de la Familia y baqueanos que van cuidando que los jinetes más inexpertos venzan los miedos y confíen en el instinto de los animales que cabalgan.

Este es el puesto 21 que visita el equipo municipal de los 65 que existen y que sostienen una de las actividades productivas más tradicionales en la zona.

Por los desfiladeros se ven canteras de lajas, arroyos vírgenes, precipicios sin fin, mientras acompañan los cóndores, el olor de yuyos medicinales y también uno que otro grito que surge en una empinada cuesta.

Fiambalá es hoy el destino turístico más elegido de Catamarca. Es el último distrito de la RN 60, donde se encuentra el Paso de San Francisco que une al país con la región chilena de Atacama. Se conoce por la exuberante naturaleza, con aguas termales, volcanes de casi 7.000 msnm, la duna más alta del mundo y ahora el auge de sus viñedos y vinos.

Pero esta geografía no es solo un desafío para montañistas y el turismo de aventura. Hay que gobernar ese extenso e indómito territorio en el que se extiende además de la ciudad cabecera 11 pueblos más.

En el verano las crecidas suelen dejar aislados los pueblos del norte. Los ríos se abren en caudalosos brazos y hay que asistir a las y los pobladores haciendo cadenas humanas para abastecer de alimento y agua potable durante esos días.

Por fin aparece el puesto, un pequeño refugio de piedra construido con buen gusto, capaz de soportar las bajas temperaturas y el viento zonda. “Las pariciones de invierno son una tragedia, los animales nacen helados”, comenta doña María, mientras corta un queso criollo fresco. Las hormas de los quesos las arma con tejido de cortaderas. 

María nació en ese puesto, tiene 57 años, sus hijos suben unos días a ayudarla al igual que Ramos, su compañero. Dentro de poco tendrán que mudar el puesto unos 15 kilómetros más abajo por las bajas temperaturas. Deberán arrear el ganado, incluso las gallinas y el gato por toda la cordillera.

“Yo digo que la montaña es buena y es fea, aquí es muy difícil la vida. Además hay mucho daño que se comen a los animales”, cuenta la pastora. Los puesteros llaman daño a los depredadores como pumas, zorros y cóndores que se alimentan de las crías.

Sin embargo María confiesa que es allí, en ese lugar donde nació, donde mejor se siente.

Mientras tanto los hombres vigilan en el horno de barro el cabrito que han carneado. Más tarde vendrá la señalada y la vacunación que trajo la delegación municipal.

 

Giro en la política

Roxana Paulón cambió en 2015 la historia política de Fiambalá: con excepción de un periodo peronista, donde también gobernó otro hombre, su predecesor había gobernado por 30 años desde la época del proceso bajo la bandera del radicalismo.

A Amado David “Coco” Quintar los empleados municipales le decían “Papi”. Gobernó desde 1981 hasta 1983 como delegado municipal, cuando aún Fiambalá no era un municipio. Entre 1985-1989 como diputado provincial y fue Intendente durante 24 años desde 1991 hasta 2015, cuando fue desplazado por una odontóloga que nunca había militado, pero que entendió que “la única forma de cambiar algo era participando de la política”.

Con Roxana volvió el peronismo, pero además, le tocó ser la primera mujer al frente de un gobierno en un ambiente político fuertemente patriarcal.

 

Mujeres intendentas

En Catamarca, de 36 municipios, solo dos son gobernados por mujeres. La cifra refleja la profunda asimetría en el reparto del poder a nivel nacional.

Según un estudio, en las elecciones de 2019 solo 262 mujeres accedieron a la intendencia sobre un total de 2236 gobiernos locales. De esta cantidad, más de la mitad está a cargo de localidades con menos de 2000 habitantes.

 

Fuente: www.pagina12.com.ar